ALBERGUE HORROR
Una casa embrujada, o una casa encantada,
es definida como el edificio que es centro de apariciones sobrenaturales. Una casa
embrujada puede contener a fantasmas, a poltergeist o hasta a demonios. Al parecer, estas
presencias siguen frecuentando el mundo físico debido, generalmente, al acontecimiento de
un suceso trágico, como un asesinato, una muerte accidental o un suicidio.
No es un fenómeno contemporáneo, al contrario. La historia está llena de relatos que
nos hablan de extrañas apariciones fantasmales y de espíritus de difuntos que se niegan
a abandonar el orbe que habitaron. Así, Plinio el Viejo, hace dos mil años, nos relataba
con gran lujo de detalles apariciones fantasmales en las domus romanas; o en
el Egipto predinástico,se nos habla de manifestaciones de espíritus de muertos que
resurgen para vengar a sus ejecutores.
En nuestros días estos fenómenos ocurren con frecuencia, si bien es cierto que muchos de
ellos quedan adscritos al ámbito preciso del edificio o la familia, sin llegar a la
opinión pública, no sabemos muy bien si por el temor al bufo o al propio terror que
provoca el fenómeno en el afectado.Casos recientes que aún resuenan en nuestros oídos
son: el caso Palacio Linares o Casa de las Américas, el Tanatorio de Ceuta o el Cortijo
Jurado. Seguro que les suena.
El incidente que estoy a punto de relatarles está ocurriendo en nuestros días, muy cerca
de todos nosotros, en España, en Andalucía, en la Costa del Sol. Concretamente en un
edificio de apartamentos de más de cuatrocientas habitaciones, un alberge de lujo que, lo
que menos necesita, es difusión de éste tipo de tenebrosos hechos. Es por ello que
omitiremos detalles relativos a la ubicación y nombre del lugar en cuestión, al menos,
hasta que el edificio se reabra al público. Quizás, mientras hablamos, nuestros
protagonistas, Rubén y Jaime, siguen sufriendo escalofriantes sucesos inauditos.
Nuestro primer contacto fue infructuoso. Mi buen amigo José Luis y yo, nos dirigimos
decididos a la puerta del grandioso hotel. Llegamos hasta la entrada, mientras
intentábamos descubrir alguna silueta humana a través de la atascada puerta de la
recepción. Meramente una suave luz tipo lucerna, iluminaba el espacioso recibidor. Al
fondo, vislumbramos los casilleros de llaves vacíos de ciento y una celdas, el mostrador
cubierto con polvorientas sábanas blancas y algunos taburetes a lo lejos pertenecientes
al ambigú. Llamé tímidamente con los nudillos esperando encontrar respuesta a esas
vibrantes sacudidas al cristal fácilmente perceptibles en el silencio de la noche. Pero
no hallamos respuesta.Entonces mi cómplice de aventuras acertó a encontrar un llamador
de considerable dimensiones. Se apresuró a pulsarlo y un sonido de alarma retumbó por
todo los alrededores. Esperamos cinco minutos y nadie apareció. La demora y el frío, nos
hicieron definitivamente desistir.
LUCTUOSOS ANTECEDENTES
Alejándonos cabizbajos, José Luis me contó una historia: Hace más de cincuenta años,
en las inmediaciones del albergue, sucedió un luctuoso accidente. Aquellos terrenos
dónde hoy se asientan las estancias hosteleras, era entonces parte de la fanega de tierra
de una acomodada familia. Vivían de la agricultura gracias al manantial que, desde las
sierras cercanas, filtraban las dulces aguas hasta el mar. Un ancestral pozo, presidía la
huerta. El amo vivía con su esposa y tres hijos. En aquellos entonces la señora se
encontraba en cinta de un cuarta, y los más mayores, Juan y Pedro de ocho y diez años,
ayudaban ya en las faenas mas ásperas. Se levantaban de madrugada, cuando el Sol seguía
eclipsado por la Luna. Esa trágica mañana la niebla se alió con la oscuridad para jugar
una espeluznante jugada. El padre, montó la vieja mula y se dirigió al pueblo con la
intención de vender la menguada cosecha del día anterior, mientras que Pedro y Juan
asieron sus herramientas, la azada, el rastrillo y la pala, preparados para comenzar la
ruda faena. La niebla se cernía sobre el labrantío de tal forma que les era imposible
dar un paso sin tropezar con los surcos del terreno o la mala hierba de la cosecha.
Envueltos en el silencio más cegador que nunca más conocerían, pasó la primera hora.
De súbito un hondo grito rompió el mutismo estremeciendo a Pedro. Algo le había
ocurrido a Juan. Se revolvió sobre si mismo y se dirigió presto hacía el origen del
clamor. Tropezó y volvió a tropezar, luchando contra la alianza de los elementos que,
ese día, negociaron para segar la vida de los lozanos hermanos. No cabía duda alguna:
Juan había caído al pozo. Las llamadas de Pedro resultaron infructuosas. Tendido sobre
el frío y húmedo suelo, con la cabeza metida en las entrañas del pozo, gritaba una y
otra vez sin encontrar más respuesta que su propio eco.La madre, despavorida, escuchó el
grito. Supo pronto que algo malo había ocurrido. La adversidad no había hecho más que
empezar, pues Pedro, al escucharla, se incorporó tembloroso y agitado con tan mala
fortuna que el húmedo filo del pozo se quebró y cedió, haciéndolo también despeñar
hasta el fondo del insaciable pozo maldito.Cuentan los más viejos que la oscuridad y la
niebla se desvanecieron con la segunda tragedia y cuentan las crónicas que se tardaron
cuatro días en recuperar los cuerpos de los desdichados hermanos. La madre, a las pocas
semanas, perdió al hijo que esperaba y el padre vendió la fanega a precio de saldo con
tal de abandonar el pueblo y los inconsolables recuerdos del lugar.
Más recientemente, en los años ochenta, un edificio fue construido sobre estos terrenos.
Aun cuando parezca increíble, varias viviendas fueron habitadas y vendidas a los pocos
meses. Llantos de niños plagaban los pasillos de la planta baja durante gran parte de la
madrugada sin que nadie acertara a describir su procedencia.Esta historia, que no leyenda,
solo la recuerdan los más viejos del lugar. Lo que es un hecho es que el término exacto
donde se encontraba el pozo es en la actualidad una bocatería cerrada con un gran cartel
de SE TRASPASA. Pero este local antes fue una hamburguesería, una heladería,
una cafetería, una tienda de gangas, una zapatería
y así podríamos remontarnos
hasta el momento de su construcción.
Pues bien, el caso que le traemos ocurre muy ceñido al sombrío pozo, exactamente a doce
metros del tenebroso lugar. Un asunto a tener en cuenta en nuestra investigación.
SEGUNDA VISITA
Como he dicho, el hotel ha permanecido cerrado por reformas en los últimos tres
meses. Muy probablemente, cuando leo estas líneas ya esté abierto al público.La segunda
visita la realizamos a las 22 horas del día 22 de enero de 2009. Al parecer hay dos tunos
de vigilancia en el mismo. Un primero comenzaba al anochecer, sobre las 19 horas y lo
realizaba un empleado del servicio de mantenimiento del recinto. Éste turno terminaba con
el relevo de medianoche que es realizado por una empresa privada de vigilancia.Por fin nos
encontramos con Rubén. Tiene 22 años, es alto y delgado, con musculatura marcada y de
aspecto serio. Lleva empleado en el servicio de mantenimiento dos años y su actitud
denota un marcado interés por el trabajo, por hacer bien su profesión. Él nos dejó
entrever la importancia de que habláramos especialmente con Jaime, el vigilante que
durante los últimos tres meses, ha custodiado el albergue. Así que, por segunda vez,
pospusimos nuestra visita hasta la medianoche, cuando podríamos encontrarnos con los dos
testigos principales al unísono.
TERCERA VISITA
Pegamos con los nudillos a la puerta. Ésta vez contemplábamos con nitidez las siluetas
al fondo de la recepción, entre la penumbra creada por el único y tenue foco de luz. Las
largas sombras se acercaban hacia nosotros disminuyendo su longitud a medida que
vislumbrábamos a sus creadores. Rubén tomó las llaves, se agachó y se dispuso a
liberar la cerradura que atrapaba entré si los dos paneles de la pesada puerta de
cristal.
Nos presentamos aparentando indiferencia ante la situación. Jaime era aún más frío y
pronto descubrimos su actitud defensiva así como sus temores sociales al ridículo o
burlesco. Jaime es de complexión fuerte, de un metro setenta de altura. Vestía un oscuro
uniforme, cubierto con un anorak plastificado, con letras fluorescentes amarillas con la
palabra SEGURIDAD. ¡Menuda paradoja!
La acristalada puerta permanecía entreabierta. La única oquedad entre el hotel y
nosotros se encontraba obstruida por el celoso vigilante que se afianzaba en su postura
para no permitir entrar ni el más pequeño de los insectos. Cuando ya había perdido
cualquier esperanza en visitar el lugar, Jaime se relajó y dijo: si queréis que os
enseñe el hotel podéis verlo. Pero, ¿por qué enseñarnos el hotel si allí no
pasaba nada? ¿Acaso pensó que estábamos de visita turística, o en el fondo quería
hablarnos de sus tormentos noctámbulos?
PRIMER FENÓMENO EXTRAÑO
Hicimos una primera parada en el hall de entrada. Tiene gran amplitud y aún lo parece
más por no tener cerramientos. A la derecha un especio dedicado al descanso y a las
agencias de viaje, en medio la recepción con sus quinientos casilleros y un amplio
mostrador. Frente a él dos ascensores y escaleras que se dirigen a cada una de las alas
que conforman el hotel. A la izquierda el coqueto bar y una sala de televisión. Todo ello
en total oscuridad. Allí Rubén nos transmitió su inquietud por un fenómeno que le
había ocurrido en varias ocasiones: en concreto nos hablaba del walkie talkie. En varias
ocasiones, nos comenta, se producían interferencias que se escuchaban nítidamente. Eran
voces de niños llorando.
Cabe la posibilidad que algún sistema de seguridad para bebés, hubiera interferido en la
radio del servicio de mantenimiento. Pero hay algo que no cuadra: la frecuencia que
utilizan estos transmisores, según hemos podido comprobar, son exclusivas. Así mismo,
algunos transmisores de control de bebe, llegan a alcanzar los 250 metros de distancia,
peo siempre que sea un espacio abierto. Por otra parte, la frecuencia que utilizan estos
aparatos son incompatibles. Además, recordemos que estas inclusiones psicofónicas,
ocurren cuando el hotel se encuentra cerrado, anulando claramente, cualquier posibilidad
de que procedieran de la habitación de alguno de los clientes. La vivienda más cercana
desde el punto donde Rubén se encontraba, dista más de 400 metros.
LOS ASCENSORES
No menos desconcertantes es el recorrido misterioso de los ascensores. Uno de ellos, y
solo uno, se dedica a viajar de arriba para abajo, parando en diferentes plantas del
edificio. A veces desquiciado, sube, baja, para, reinicia y vuelve a subir o a bajar.
Otras, más pausado, se limita a cambiar de planta o a aparecer con la puertas abiertas,
en el hall del hotel. Terrible. La impresión que me da, es que Jaime se ha resignado a
convivir con estos inesperados viajantes del ascensor. Cree, que estos están producidos
por un sistema de seguridad que mantiene lubricado los cables y poleas del ascensor. Y eso
sería ciertamente lógico de no ser por lo siguiente: por una parte el fenómeno solo
ocurre en uno de ellos. Consultado el fabricante, comprobamos que en esos modelos en
cuestión, no existe tal sistema de seguridad.
Por último desconocemos el motivo por el que éstas oscilaciones espontáneas se producen
exclusivamente durante la madrugada, especialmente entre la una y las cuatro horas. Es
algo curioso y digno de tener en cuenta.
FALLECIMIENTOS RECIENTES
Hemos hablado de los trágicos acontecimientos que sucedieron hace más de cincuenta años
a escasos metros de nuestro hotel del horror. Hemos dicho también que nuestros
protagonistas Jaime y Rubén, desconocían esa historia. Pero estos no han sido las
únicas muertes trágicas que han ocurrido en la zona. Quedamos sorprendidos con las
declaraciones de nuestros sufridos testigos: Muerte en cuarto de baño y suicidio de una
pareja que se lanzó desde su habitación.
Si, han escuchado bien. Dos muertes trágicas en solo unos meses. El suicidio de una
pareja y la muerte de un anciano en el cuarto de baño. En este último sentido, quiero
precisar una curiosa coincidencia. Cuando solicitamos que nos lleven hasta el lugar del
fallecimiento ponemos a grabar nuestra cámara de vídeo. Ésta funciona a la perfección
hasta el momento en que entramos en el baño del deceso, del trágico fallecimiento.
Obviamente las baterías estaban a tope y la cinta en perfecto estado. De hecho, no
notamos en momento alguno, que lqa cámara dejara de grabar. El visor es de apreciables
dimensiones por lo cual no es necesario llevar la cámara pegada al rostro. Justo en el
momento que entramos al baño se corta. Justo en el momento que salimos de él, continúa
la grabación. ¿Coincidencia o coexistencia?
TELÉFONO
La visita llegaba a su fin. Era momento de que Jaime pasara novedades a su central como
hacía todas las noches a las cuatro de la madrugada. Pero la última historia que nos
contarían sobrepasa ya el adjetivo de espeluznante. Antes de contarla, permítame el
oyente un inciso.En abril de 2008 una noticia salta a los teletipos de todo los noticieros
nacionales e iberoamericanos. El extracto dice así: Según manifestó a la agencía
Efe la hija de la fallecida, Adela Cortés, su madre, Filomena Gómez, lleva una semana
comunicándose con ellos a través del móvil. Explicó que no saben de dónde provienen
los mensajes de su madre, vienen de la nada, y añadió que cuando algún
miembro de la familia graba algo en su móvil lo que se reproduce es la voz de mi
madre diciendo la cruz, Pili, la cruz. Además, según Cortés, su abuelo y su
tío, enterrados en la misma tumba que su madre, también envían mensajes sonoros a
través de los móviles familiares".
Efectivamente, algo parecido ocurre en nuestro albergue. Escuchemos las declaraciones de
nuestros testigos. Cada una de las casi quinientas habitaciones posee un teléfono
conectado exclusivamente con la recepción o centralita. Ese teléfono, cuya foto podéis
ver en nuestra web, es fijo pero tiene un suplementario inalámbrico. Es decir, la única
forma de activarlo es llamando desde cualquiera de las habitaciones del hotel y, desde la
recepción, tan solo se puede contactar con las habitaciones del mismo. Es decir, un
teléfono interior sin línea externa. Este aparato suena en la recepción a altas horas
de la madrugada, como si alguien, alojado en una de las estancias, requiriera los
servicios o ayuda de nuestros testigos.
Jaime nos comenta que en varias ocasiones lo ha cogido y ha respondido, pero nunca
ha hallado respuesta. Terrible ¿verdad? Lo primero que pensamos, es que podría tratarse
de una interferencia, otra vez con el exterior, pero es imposible. Cabría la posibilidad
de pensar, que una vez descolgado el teléfono sí se pudieran fusionar señales de otros
celulares inalámbricos, pero no que reciba llamadas exteriores. Es realmente
desconcertante. Hemos comprobado diversos modelos de inalámbricos y comprobado que
algunos de ellos dan señales de aviso cuando la batería se encuentra baja, o incluso se
ponen a increpar con un desagradable pitido, cuando fallan los mecanismos. Pero no
conocemos caso alguno en el que el ring-ring sea idéntico al de señal de llamada y,
mucho menos, que dicha llamada se repita en varias ocasiones a lo largo de la noche.
¿Quién llama desde las habitaciones a la recepción? ¿Quién sube y baja en ascensor a
altas horas de la madrugada? ¿Quién llora y grita en el walkie de Rubén?
Las historias que ofrecen poltergeists se centran típicamente en sonidos, latidos,
golpes, pasos y la sacudida de camas, sin un punto discernible de origen. Muchas historias
detallan objetos que son lanzados sobre los cuartos, muebles que son movidos, y hasta
levitación de personas. Incluso se comenta sobre algunos poltergeists que hablan.Nuestros
testigos, os aseguro, intentan explicar con la lógica los fenómenos extraños que
suceden en el albergue. No quieren creer que esos fenómenos son poltergeist o fenómenos
creados por espíritus. Al contrario intentan convencerse de su racionalidad pero, sin
embargo, mientras más se afanan en detallarnos los acontecimientos, más se acercan a la
conclusión de que aquello es algo irrazonable, inverosímil e inexplicable.
PSICOFONÍA
Para concluir, y sin salir de mi asombro aún, voy a contaros la última experiencia en la
casa del horror. Para ello quiero que escuchéis un fragmento de entrevista, con detalle.
Os la pondré dos veces y para ellos debereis escuchar el programa de radio o descargarlo
desde el enlace que encontrarás en la sección descargas.
Mientras entrevistábamos a nuestros testigos, y cuando en el estudio me encontraba
maquetando este programa, me llamó la atención una voz, como a lo lejos, y con acento
evidente. Hemos ampliado el sonido un 50% para que les resulte más fácil de percibir. Se
trata de una inclusión psicofónica no planificada. Es decir, no responde a una típica
sesión en la que se efectúa una pregunta que espera una respuesta del más allá
mientras todos permanecen en silencio. Se trata de una voz espontánea que se incorpora a
nuestra conversación, como si estuviera realmente presente y quisiera participar en
nuestra conversación. Dice: "¡Cuídate!"
Alberto Guzmán, Málaga 22 de enero de 2009
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