Los cuentos infantiles son en realidad microcosmos de las sociedades que los crearon. A través de símbolos, arquetipos y situaciones extremas, enseñaban a los niños —y también a los adultos— cómo comportarse, qué temer, a quién obedecer y cómo enfrentar la adversidad. Eran herramientas de control, pero también de esperanza.
Los misterios que aún esconden estas historias siguen fascinando a quienes se atreven a leer entre líneas. ¿Fueron creados solo para entretener o para codificar los miedos y deseos más profundos de la humanidad? Esa pregunta, como muchas en estos cuentos, permanece abierta.
