Desde la tierra que convirtió el entretenimiento guionizado en norma —con luchas falsas, subastas trucadas y empeños para la galería— también surgieron los Ghost Hunters (2004) y compañía. Estos programas marcaron el inicio de un nuevo subgénero televisivo: cuadrillas de cazafantasmas armadas con gadgets paranormales, cámaras térmicas y grabadoras EVP, todo envuelto en un envoltorio de falso documental que, sin embargo, supo captar la atención de una audiencia masiva.
