CEUTA: ENTRE LA CRISIS MIGRATORIA, EL ESPIONAJE Y LA SOMBRA DE MARRUECOS

La investigación que cuestiona el relato oficial sobre la crisis de Ceuta

Ceuta vuelve a encontrarse en el centro de una de las crisis más delicadas de la relación entre España y Marruecos. La magnitud de la llegada masiva de migrantes registrada a finales de julio y la posterior aparición de un supuesto informe policial que apunta a una posible intervención de agentes marroquíes han abierto una nueva batalla: la de determinar qué ocurrió realmente y, sobre todo, quién pudo haber provocado o facilitado aquella movilización. Durante días, la explicación oficial situó el origen de la crisis en una combinación de presión migratoria, actuación de redes y circulación de bulos. Sin embargo, informaciones publicadas el 1 y el 2 de septiembre de 2026 apuntan a la existencia de un documento interno atribuido al Centro Nacional de Inmigración y Fronteras, CENIF, que describiría una actuación mucho más organizada.

Según esas informaciones, agentes marroquíes, tanto uniformados como vestidos de paisano, habrían orientado a grupos de migrantes hacia Ceuta y facilitado su llegada a determinados puntos de la frontera. El supuesto informe consideraría que aquella actuación pudo responder a una estrategia destinada a provocar el colapso de los mecanismos españoles de control fronterizo. Pero existe una circunstancia fundamental que obliga a extremar la cautela: el contenido de ese documento no ha sido asumido públicamente por el Ministerio del Interior como una acusación formal contra Marruecos y, según las declaraciones oficiales recogidas en el material de origen, no existe una resolución judicial que haya establecido una responsabilidad marroquí en la organización de los acontecimientos.

La cuestión, por tanto, no es únicamente qué ocurrió en Ceuta. La pregunta decisiva es qué información conocían las instituciones españolas antes y durante la crisis, qué advertencias existieron y por qué las versiones difundidas posteriormente resultan, en algunos aspectos, contradictorias.

La frontera de Ceuta se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la relación entre España y Marruecos.
La frontera de Ceuta se ha convertido en uno de los puntos más sensibles de la relación entre España y Marruecos. elpais.com

Un documento que cambia el relato

El elemento que ha reactivado la polémica es un informe fechado el 29 de julio y atribuido al CENIF. Según las informaciones periodísticas que han trascendido, el documento incorporaría imágenes y testimonios destinados a demostrar que determinados agentes marroquíes habrían desempeñado un papel activo en el desplazamiento de los migrantes. La descripción publicada sitúa parte de esa actuación en las inmediaciones de Castillejos, donde presuntamente algunos agentes habrían indicado a los migrantes la ruta que debían seguir hacia la frontera con Ceuta. En las proximidades de El Tarajal, otros individuos vestidos de paisano habrían continuado orientando a quienes pretendían alcanzar el enclave español.

De confirmarse documentalmente estos extremos, el episodio adquiriría una dimensión completamente diferente. Ya no estaríamos únicamente ante una crisis migratoria de enormes proporciones, sino ante la posible utilización deliberada de los flujos migratorios como mecanismo de presión sobre un Estado vecino. El propio material atribuido al CENIF interpretaría ese supuesto comportamiento como un «guiado activo» y consideraría que la movilización no fue completamente espontánea. Una de las hipótesis planteadas sería que el objetivo consistía en saturar el sistema fronterizo español y poner a prueba la capacidad de respuesta de sus servicios de seguridad.

Sin embargo, una investigación periodística responsable debe detenerse precisamente aquí. Una filtración, por muy relevante que sea, no equivale por sí sola a una prueba judicial. La existencia de un documento interno y su eventual contenido deben distinguirse de las conclusiones que puedan extraerse de él.

La actuación de las fuerzas de seguridad durante la crisis se encuentra bajo el foco de la investigación y el debate político.
La actuación de las fuerzas de seguridad durante la crisis se encuentra bajo el foco de la investigación y el debate político. elpais.com

La contradicción institucional

La controversia se ha agravado por la respuesta del propio Estado. El Ministerio del Interior ha negado que exista un informe policial que atribuya formalmente a Marruecos la planificación o ejecución de la crisis. El director general de la Policía, Francisco Pardo, habría trasladado al ministro Fernando Grande-Marlaska que ningún informe policial atribuye a las fuerzas marroquíes la organización de lo ocurrido.

La consecuencia es una contradicción difícil de ignorar. Por un lado, determinadas informaciones periodísticas aseguran haber accedido a un documento policial en el que aparecen referencias a agentes marroquíes guiando a migrantes. Por otro, Interior sostiene que no existe un informe policial que responsabilice oficialmente a Marruecos de la operación.

La diferencia puede encontrarse en la naturaleza exacta del documento. Un análisis de riesgo o un informe de inteligencia puede recoger indicios, imágenes, testimonios o hipótesis operativas sin convertirse necesariamente en una acusación formal. Esa distinción es fundamental y debería quedar perfectamente aclarada para evitar que una interpretación de inteligencia termine presentándose como una conclusión judicial.

La cuestión central, por tanto, pasa a ser otra: ¿qué documento recibió realmente la Audiencia Nacional y qué conclusiones contiene?

Ceuta: nombres que aún faltan

Hay tragedias que no terminan cuando cesa el ruido. La madrugada y las jornadas del 30 y 31 de julio de 2026 dejaron en Ceuta una herida difícil de medir: decenas de personas murieron intentando alcanzar la ciudad a través de la frontera y el mar. La Guardia Civil ha confirmado 82 fallecidos en territorio español, mientras continúan las investigaciones y la recuperación e identificación de cuerpos.

Detrás de cada cifra había una vida. Un nombre. Una familia. Una historia que, en muchos casos, todavía no ha podido ser reconstruida. Solo una parte de las víctimas había sido identificada cuando comenzaron los primeros enterramientos, y algunas fueron sepultadas bajo números mientras se intentaba poner nombre a sus restos.

Por eso, recordar a quienes desaparecieron o murieron en aquella avalancha no debería convertirse en una cuestión de estadísticas ni de discursos políticos. Antes que migrantes, eran personas. Tenían padres, hijos, hermanos, amigos y sueños.

Este recuerdo también debe servir para exigir respuestas: qué ocurrió realmente, cómo se desarrolló aquella entrada masiva y qué falló para que una multitud terminara convertida en una tragedia humana de semejante magnitud. Las investigaciones judiciales siguen abiertas y todavía quedan preguntas por responder.

Hoy recordamos a los que no llegaron. A los que quedaron en el camino. Y, sobre todo, a quienes merecen que sus nombres no sean olvidados.

La Audiencia Nacional y una investigación todavía abierta

Según la documentación de partida, la Audiencia Nacional mantiene diligencias relacionadas con los acontecimientos y no existe, hasta el momento, una resolución que establezca judicialmente una participación de Marruecos. Esto significa que cualquier afirmación categórica sobre una operación organizada por Rabat debe ser evitada.

Lo que sí resulta periodísticamente relevante es determinar si existen documentos, imágenes, comunicaciones o testimonios que puedan demostrar que miembros de las fuerzas marroquíes desempeñaron algún papel activo en la movilización. También será fundamental conocer la cadena de información dentro de España. ¿Qué sabía la Policía? ¿Qué información manejaba la Guardia Civil? ¿Existieron advertencias previas? ¿Qué conocimiento tuvo el CNI? ¿Qué información llegó al Gobierno y en qué momento?

Responder a esas preguntas permitiría establecer si España fue sorprendida por una crisis imprevisible o si existieron indicios que no fueron interpretados correctamente.

Ceuta, una frontera que nunca es solamente una frontera

La importancia de Ceuta no puede entenderse exclusivamente desde la perspectiva migratoria. Su posición geográfica convierte a la ciudad en un enclave estratégico situado frente a una de las zonas más sensibles del Mediterráneo occidental. Es frontera exterior de la Unión Europea, punto de conexión con el norte de África y territorio cuya situación ha estado históricamente condicionada por las relaciones entre España y Marruecos.

La propia historia diplomática de ambos países explica por qué cualquier crisis en Ceuta adquiere inmediatamente una dimensión política, militar y estratégica. En este escenario, la presión migratoria puede convertirse en algo más que un fenómeno humanitario. Para determinados analistas, forma parte de las herramientas de la denominada guerra híbrida o zona gris: actuaciones que no alcanzan el nivel de una confrontación militar abierta, pero que buscan generar presión política, desgaste institucional y sensación de vulnerabilidad.

Esa hipótesis no demuestra que la crisis de julio fuese una operación marroquí. Pero sí permite comprender por qué los acontecimientos de Ceuta han despertado una preocupación que va mucho más allá de las estadísticas migratorias.

Cuando la migración puede convertirse en una herramienta de presión

La utilización de movimientos migratorios con fines políticos es una cuestión estudiada desde hace años en distintos escenarios internacionales. El problema aparece cuando una población civil puede convertirse, voluntaria o involuntariamente, en una pieza dentro de una estrategia de presión.

En el caso de Ceuta, la magnitud de la movilización y la rapidez con la que se produjo han alimentado precisamente esa sospecha. También ha llamado la atención otro elemento mencionado en el debate público: el retorno posterior de una gran parte de quienes llegaron a la ciudad. Esa circunstancia ha generado preguntas sobre los verdaderos objetivos de algunos desplazamientos, aunque por sí misma no permita establecer una coordinación estatal ni una operación organizada.

La frontera entre una crisis migratoria espontánea y una crisis instrumentalizada puede ser extremadamente difícil de determinar. Por eso resulta imprescindible disponer de pruebas y no únicamente de interpretaciones.

La frontera como escenario de una compleja combinación de migración, geopolítica, seguridad e información.
La frontera como escenario de una compleja combinación de migración, geopolítica, seguridad e información. elpais.com

Pegasus: el precedente que alimenta las sospechas

En esta historia aparece además un antecedente inevitable: el caso Pegasus. El teléfono del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y los dispositivos de varios ministros fueron infectados mediante este sistema de espionaje. Marruecos apareció señalado en las investigaciones y en las informaciones publicadas sobre el caso, pero la causa judicial terminó archivándose por falta de pruebas suficientes para determinar responsabilidades.

Ese episodio permanece como un precedente incómodo en las relaciones entre ambos países. No demuestra que exista una conexión entre el espionaje y la crisis de Ceuta. Tampoco permite establecer que detrás de los acontecimientos fronterizos haya una operación de inteligencia marroquí. Pero sí explica por qué determinadas informaciones relacionadas con Ceuta, Marruecos y los servicios de seguridad generan una sensibilidad extraordinaria.

En las crisis fronterizas, además, la información posee un valor estratégico. Los tiempos de respuesta, los despliegues policiales, las capacidades logísticas, los puntos débiles de una frontera o la reacción de los diferentes cuerpos de seguridad pueden proporcionar información útil a cualquier actor que pretenda estudiar las capacidades del país vecino.

La guerra que no necesita uniformes

El concepto de guerra híbrida se utiliza precisamente para describir este tipo de escenarios. No hace falta que aparezcan soldados cruzando una frontera para que exista una confrontación estratégica. La presión migratoria, la desinformación, el espionaje, la manipulación de narrativas, la utilización de redes sociales y las campañas destinadas a erosionar la confianza institucional pueden actuar simultáneamente.

La dificultad reside en que estas operaciones suelen desarrollarse en una zona deliberadamente ambigua. El adversario mantiene suficiente distancia como para negar cualquier implicación mientras el Estado afectado se ve obligado a reaccionar ante una situación que puede alterar su estabilidad política y social.

Ceuta es especialmente vulnerable a esta dinámica porque reúne todos los ingredientes: una frontera altamente sensible, una posición estratégica, una enorme presión migratoria y una población que percibe directamente cualquier deterioro de la seguridad.

Lo que todavía no está demostrado

Precisamente por la gravedad del asunto, conviene separar los hechos de las especulaciones. No existe en la documentación analizada una prueba pública que permita afirmar que fuerzas especiales marroquíes hayan penetrado en instalaciones militares españolas o que se hayan producido ataques contra polvorines. Tampoco existe una resolución judicial que haya establecido que Marruecos organizó la crisis migratoria.

Esas afirmaciones deben permanecer en el terreno de los rumores mientras no aparezcan evidencias verificables. La existencia de indicios sobre una posible actuación de agentes marroquíes es una cuestión distinta y merece ser investigada.

El periodismo de investigación no consiste en convertir una hipótesis atractiva en una certeza. Consiste precisamente en seguir el rastro documental hasta determinar qué puede demostrarse y qué no.

Ceuta reclama respuestas

Mientras las instituciones discuten sobre informes, competencias y responsabilidades, el problema tiene una dimensión mucho más cercana. Los ciudadanos de Ceuta han asistido a una situación excepcional que ha tensionado a los servicios de seguridad y ha generado una enorme preocupación social.

Las protestas y las críticas políticas han reflejado un sentimiento compartido: la sensación de que la ciudad no puede volver a enfrentarse a una crisis semejante sin disponer de información suficiente y de medios adecuados. La pregunta no es únicamente quién estuvo detrás de aquella llegada masiva. También debe preguntarse si España estaba preparada.

Y, sobre todo, si las instituciones conocían con antelación la posibilidad de una movilización de semejante magnitud. Si existían informes previos, alertas o análisis que anticipaban el riesgo, el debate cambia radicalmente.

La verdadera incógnita

La principal dificultad para comprender lo sucedido en Ceuta es que existen demasiados interrogantes y todavía pocas respuestas definitivas. Un documento interno atribuido al CENIF apunta a una posible intervención de agentes marroquíes. El Gobierno niega que exista un informe policial que responsabilice oficialmente a Marruecos. La Audiencia Nacional mantiene abierta la investigación sin que exista una resolución que determine responsabilidades.

Y mientras tanto, la opinión pública recibe versiones contrapuestas de un mismo episodio. Ese vacío informativo es precisamente el terreno donde prosperan los rumores. En ese contexto, la transparencia institucional deja de ser una cuestión secundaria. Se convierte en una herramienta de seguridad.

Porque cuando las instituciones no explican qué saben, otras personas terminan explicándolo por ellas.

Freontera entre Ceuta y Marruecos.
Freontera entre Ceuta y Marruecos.

La frontera de las certezas

Ceuta necesita saber qué ocurrió. Necesita conocer si existieron órdenes, quién las impartió, qué información manejaron los servicios de inteligencia y por qué una movilización de esa magnitud pudo alcanzar la frontera española. También necesita saber si detrás de los hechos hubo una operación deliberada o si todo puede explicarse por una combinación de errores de previsión, presión migratoria y acontecimientos difícilmente controlables.

La diferencia entre ambas posibilidades es enorme. En el primer caso estaríamos ante una operación de presión estratégica contra España. En el segundo, ante un fracaso de los mecanismos de prevención y respuesta.

Ninguna de las dos hipótesis puede darse por demostrada a día de hoy. Pero ambas merecen ser investigadas.

Porque Ceuta no puede permitirse que la próxima crisis vuelva a encontrarla entre la improvisación, el silencio institucional y los rumores.

En este rincón del Estrecho, la guerra puede adoptar muchas formas. Puede llegar a través de una frontera, de una pantalla de teléfono, de una campaña de desinformación o de una multitud que avanza hacia un espigón.

Y precisamente por eso resulta tan difícil reconocerla.

La verdadera batalla, en ocasiones, no comienza cuando alguien cruza una frontera. Comienza mucho antes. Comienza cuando nadie sabe con certeza quién está moviendo las piezas.


Algo cambió en Ceuta. En apenas 48 horas, una frontera considerada inexpugnable quedó desbordada por una avalancha humana sin precedentes. Miles de personas avanzaron mientras las barreras parecían desaparecer y las alarmas se multiplicaban. ¿Una crisis migratoria espontánea? ¿Una operación de presión política? ¿O una pieza más de una guerra que ya no necesita soldados ni tanques? Entre los rumores aparecieron agentes infiltrados, sabotajes, servicios secretos y hasta Pegasus. Algunas historias son falsas. Otras nacen de hechos reales. Y ahí está lo verdaderamente inquietante: cuando la realidad y la conspiración comienzan a parecerse demasiado, descubrir quién mueve los hilos deja de ser una cuestión de ficción.

  • La repentina oleada de migrantes marroquíes hacia Ceuta el 30-31 de julio de 2026 (cercana a 50.000 personas en un día) ha desbordado la capacidad local y provocado tensiones diplomáticas, con decenas de muertos y miles de retornos organizados en 48 horas. Las autoridades españolas denuncian “violación” de su integridad territorial, aunque no acusan formalmente a Marruecos de planificar el episodio.
  • En cambio, Marruecos culpa a traficantes y desinformación: el Ministerio del Interior marroquí atribuyó la avalancha a “la explotación maliciosa del espacio digital” y a redes de trata de personas, recordando una sentencia del Supremo español sobre devolución de migrantes. Madrid agradece la “colaboración ejemplar” con Rabat y destaca que fue la pasividad de las mafias de tráfico lo que disparó el flujo.
  • Sobre la frontera sur se ciernen teorías conspirativas: desde cuentas de redes sociales hablan de agentes secretos infiltrados o «actos de guerra» encubiertos. En la arena política, Vox llegó a calificar la situación de “invasión” y “acto de guerra” orquestado por Marruecos. Expertos entrevistados evocan una “estrategia de zona gris”, una suma de presiones migratorias, hachís y diplomacia oscura para desgastar a España sin disparar un tiro.
  • En paralelo, el escándalo del spyware Pegasus añade sospechas: en 2022 se reveló que más de 200 números españoles (incluidos políticos, activistas y militares) aparecían en una base de datos de posibles objetivos de espionaje atribuida a Marruecos. La investigación judicial en España sobre el hackeo a los móviles del presidente Sánchez y varios ministros fue archivada por falta de datos concluyentes, alimentando rumores sobre quién espía a quién.

A continuación se analizan hechos, versiones oficiales y rumores, distinguiendo lo comprobado de lo especulativo, con comentarios al estilo periodístico.


¿CRISIS MIGRATORIA O GUERRA HÍBRIDA?

Desde Ceuta y Melilla, plazas históricas en la frontera sur de España, la migración irregular marca la relación hispano-marroquí. El episodio de julio de 2026 superó con creces cualquier precedente reciente. El presidente Pedro Sánchez habló de “ataque” y “violación” de la integridad territorial, describiendo la masiva entrada (~50.000 en 24 horas) como un golpe al enclave español. Sin embargo, evitó responsabilizar directamente a Rabat, culpando en su lugar a las mafias de tráfico que aprovecharon una decisión judicial española sobre “devoluciones en caliente”. Ese mismo día el Ministerio del Interior español publicaba un comunicado oficial en el que agradecía la “ejemplar colaboración” de Marruecos y apuntaba a las redes de traficantes como artífices del flujo migratorio.

«La llegada masiva a Ceuta desbordó la frontera y abrió un nuevo capítulo de tensión entre España y Marruecos.»

Por su parte, Marruecos negó haber impulsado la crisis y centró la culpa en los “factores de desinformación” –citando bulos y mensajes en redes sociales– y en la acción de redes de trata. La explicación oficial marroquí menciona “la explotación maliciosa del espacio digital” (por ejemplo, cadenas de mensajes que alentarían la concentración en la frontera) y el oportunismo de mafias. Hasta el rey marroquí se unió al discurso oficial, afirmando que la migración masiva fue una consecuencia de factores externos sin intención estatal. Las autoridades del país vecino incluso señalaron que identificaron 70 detenidos responsables de disturbios violentos tras el cruce irregular, pero insistieron en que la avalancha en sí misma fue incontrolada y no una orden gubernamental.

Crisis fronteriza en Ceuta: una imagen recrea de forma simbólica la tensión en la frontera entre España y Marruecos, con la llegada masiva de personas y el dispositivo de vigilancia y control fronterizo.
Crisis fronteriza en Ceuta: una imagen recrea de forma simbólica la tensión en la frontera entre España y Marruecos, con la llegada masiva de personas y el dispositivo de vigilancia y control fronterizo.

LOS AGENTES INVISIBLES: ¿INFILTRADOS ENTRE LA MULTITUD?

No obstante, fuentes de la Guardia Civil española y del CNI (servicios de inteligencia) brindan otra versión: encontraron indicios de que hubo agentes marroquíes entre la marea humana. Según reportes confidenciales, “elementos de los servicios de inteligencia de Rabat” se infiltraron entre los más de 53.000 migrantes que cruzaron hacia Ceuta. Este hallazgo fue interpretado como una operación de monitoreo encubierta: los analistas observan que no se trató de un episodio aislado, sino de una táctica repetida en oleadas anteriores de alta presión migratoria. El objetivo sería sondear la capacidad de respuesta española y obtener datos sobre los despliegues militares y policiales en suelo español. Los informes no indican, en cambio, la presencia de fuerzas especiales marroquíes equipadas, ni hay constancia de incursiones armadas o tomas de polvorines (polvorines) en territorio español. La popular idea de que se habrían asaltado depósitos de armas españoles carece de cualquier respaldo público; hasta ahora solo circula en redes como rumor sin fuentes oficiales.

fuentes de la Guardia Civil española y del CNI (servicios de inteligencia) brindan otra versión: encontraron indicios de que hubo agentes marroquíes entre la marea humana. Según reportes confidenciales, “elementos de los servicios de inteligencia de Rabat” se infiltraron entre los más de 53.000 migrantes que cruzaron hacia Ceuta. Este hallazgo fue interpretado como una operación de monitoreo encubierta: los analistas observan que no se trató de un episodio aislado

Este cúmulo de hechos reales –entrada histórica de migrantes, heridos y muertos en la frontera, devoluciones exprés, coordinación bilateral…– convive con un magma de sospechas. La prensa analiza el suceso en clave geopolítica: un veterano analista del CNI citado por Infobae interpreta la avalancha como “uno de los toques que Marruecos suele dar de vez en cuando a España”. Es decir, una demostración de fuerza o recordatorio de que Rabat tiene la sartén por el mango: «no fue un desbordamiento espontáneo: alguien dejó la frontera sin vigilar deliberadamente. Un toque de atención», afirmó esa fuente confidencial. Otros expertos evocan la idea de “estrategia de zona gris” (conocida en análisis militares): presionar con medios subversivos –mensajes, migración masiva, narcotráfico– sin desencadenar un conflicto abierto. En este sentido, se habla de «salami slicing»: Marruecos logra objetivos cortando gradualmente sin llegar a la guerra, por ejemplo reclamando aguas cercanas (como en el caso del Monte Tropic) o vinculando Ceuta-Melilla a la cuestión del Sáhara. Un especialista consultado compara la sumatoria de reclamaciones territoriales, migratorias y económicas con un tablero de ajedrez donde España siempre parece responder desde una trinchera insostenible.

«Los servicios de inteligencia españoles detectaron indicios de agentes marroquíes infiltrados entre la marea humana.»

MARRUECOS Y EL TABLERO DEL ESTRECHO

Así, el contexto de la “guerra fría” geopolítica alimenta hipótesis: algunos recordaban que unos días antes se filtró la investigación Pegasus y se criticó al CNI, o que España acababa de visitar a Argelia, o incluso conjeturaron que el tema del Mundial de fútbol 2030 (¿final en Casablanca vs. Madrid?) pudiera generar tensiones. El propio analista advierte que sin entender la estrategia completa estas piezas parecen inconexas: hay que verlas “todas en un mapa” para comprender el objetivo final de Marruecos, que a largo plazo persigue la creación de un “Gran Marruecos” que incluya Ceuta y Melilla. Mientras tanto, la experiencia recomienda a España “europeizar” la crisis (movilizar a la UE) y no militarizar la frontera, pues incluso un gesto agresivo podría volverse en su contra en la guerra narrativa****.

Geopolítica en el Estrecho: un mapa simbólico reúne las principales piezas de la tensión entre España y Marruecos —Ceuta y Melilla, Pegasus, Argelia, el Mundial de 2030 y la estrategia europea— dentro de un escenario de competencia geopolítica y guerra narrativa.
Geopolítica en el Estrecho: un mapa simbólico reúne las principales piezas de la tensión entre España y Marruecos —Ceuta y Melilla, Pegasus, Argelia, el Mundial de 2030 y la estrategia europea— dentro de un escenario de competencia geopolítica y guerra narrativa.

Por la vereda española, el debate interno se ha encendido. Vox, el partido ultraderechista, acompañó la crisis con llamadas beligerantes: su líder Santiago Abascal exigió “militarizar permanentemente” la frontera y acusó a Marruecos de promover una “invasión” y un “acto de guerra” tolerado por el Gobierno de Sánchez. En Ceuta se han vivido episodios de tensión social (como enfrentamientos callejeros y motines en campamentos), mientras en Madrid centenares de manifestantes radicales lanzaban consignas de “Defendamos España” ante la embajada marroquí. Estas reacciones conviven con el discurso oficial de prudencia: el Gobierno central insiste en solucionar la crisis con cooperación y repatriaciones junto a Rabat, y evita involucrarse en conspiraciones sin pruebas.

PEGASUS: EL ESPIONAJE QUE AÑADE MÁS SOMBRAS

Un último frente a la sombra de esta crisis es el del espionaje digital. Pegasus, el software espía israelí, ha salpicado la política española desde 2022. Ese año, filtraciones internacionales –amparadas en el “Proyecto Pegasus”– revelaron que más de 200 teléfonos españoles estaban en una lista de posibles objetivos de un cliente relacionado con Marruecos. Entre ellos figuraban los dispositivos del propio presidente Sánchez y de la ministra de Defensa Robles, lo cual encendió una investigación judicial en la Audiencia Nacional. A pesar de la alarma inicial, la pesquisa oficial fue archivada (“por falta de colaboración” israelí e información nueva de Francia) en enero de 2026.

«La llamada estrategia de zona gris busca presionar sin disparar un solo tiro.»

Lo cierto es que el caso Pegasus ha quedado enredado en la política española: algunos grupos apuntan al CNI o al Gobierno como autores del espionaje a líderes catalanes y otros disidentes internos, mientras otros (por ejemplo medios extranjeros) sugieren que Marruecos ordenó espiar a Sánchez alrededor de la crisis del hospital de un líder saharaui en 2021. El propio Ejecutivo español afirmaba en su día que se trataba de ataques “ilícitos” y “externos”, sin querer señalar culpables. En cualquier caso, la conflagración entre ambas crisis (migratoria y Pegasus) ha alimentado todo tipo de rumores: en las redes se han llegado a tejer historias que vinculan a Rabat, a Tel Aviv o incluso a potencias occidentales en una supuesta “operación” conjunta contra España. Estas teorías –que han involucrado hasta cuentas falsas del Mosad– han sido rápidamente desacreditadas por medios de verificación y por representantes de las comunidades implicadas, pero su rápida propagación muestra la desconfianza reinante.

A continuación resumimos las afirmaciones populares frente a los datos comprobados sobre la crisis, antes de trazar una cronología esquemática de los eventos clave:

Teoría o afirmación Hechos y datos verificados
“Marruecos planificó la avalancha para presionar a España” El Gobierno español atribuye la crisis a mafias de tráfico y la considera una iniciativa de grupos no oficiales. Sánchez evitó culpar directamente a Rabat y enfatizó la cooperación con Marruecos. Sin embargo, los servicios de inteligencia españoles creen que Rabat permitió el desbordamiento (un “toque” de atención) pero no coordinó un plan armado.
“Agentes de la DGED marroquí o fuerzas especiales entraron disfrazados de migrantes” Fuentes de la Guardia Civil confirmaron que se detectaron varios supuestos agentes de inteligencia marroquíes entre los migrantes, con el fin de recabar información del despliegue español. Los analistas señalan que esto ocurre en oleadas de elevada presión migratoria, pero no hay evidencia de fuerzas militares regulares marroquíes armadas cruzando la frontera.
“Fue una invasión o acto de guerra encubierto” No existe ataque militar coordinado; los migrantes cruzaron individualmente o en grupos caóticos. Los líderes políticos extremistas (como Vox) han usado palabras bélicas para describirlo, pero las instituciones europeas tratan el episodio como una crisis migratoria urgente, no como un conflicto bélico. España reforzó la frontera con Guardia Civil, Ejército y vallas flotantes, pero dentro de un marco legal y humanitario.
“La mayoría de los migrantes son yihadistas o peligrosos” De las expulsiones masivas, solo 3 personas tenían antecedentes por delitos de yihadismo según Interior. No hay indicios de una organización terrorista en la avalancha: la mayoría eran jóvenes sin vínculos violentos, atraídos por promesas de asilo o alarmas en redes sociales. Los caídos en la frontera fueron en su inmensa mayoría ahogados o aplastados en la estampida, no abatidos como atacantes.
“Se tomaron por sorpresa depósitos de armas (polvorines) españoles” No hay registro oficial de ningún asalto a instalaciones militares. Los polvorines del Ejército siguen bajo custodia habitual. Esta afirmación circula como leyenda urbana en foros conspirativos, pero carece de base factual.
“España y Marruecos usan Pegasus mutuamente para espiarse” Se confirmó que dispositivos del Gobierno español fueron infectados con Pegasus, e incluso se sospecha que Marruecos estuvo detrás de las seleccionadas en 2019. Sin embargo, la investigación judicial en España (caso Pegasus) no logró atribuir responsabilidades claras. Por otro lado, España es uno de los pocos clientes legítimos conocidos de Pegasus (a través del CNI) para monitorizar el terrorismo, aunque también enfrenta causas internas por espionaje político. Lo cierto es que las intercepciones con Pegasus en suelo hispano quedan hoy empantanadas en disputas legales y no se pueden asegurar conspiraciones recíprocas.
“Detrás de la crisis están Soros, la izquierda o poderes ocultos” Circulan mensajes en redes y protestas de extrema derecha que culpan a la “izquierda” o a George Soros de la crisis por sus presuntos intereses globales. Esto no se sustenta en hechos; son teorías conspirativas desmentidas por verificadores. Medios como ABC y Associated Press documentaron que cuentas falsas atribuyeron el origen de la crisis a Israel o EE. UU., y las autoridades comunitarias judías las rechazaron como «teorías sin fundamento».
Cronología de sucesos clave: una línea temporal que recoge los principales acontecimientos relacionados con la crisis fronteriza de Ceuta, el caso Pegasus, las relaciones entre España y Marruecos y los debates sobre seguridad y control fronterizo entre 2021 y 2026.
Cronología de sucesos clave: una línea temporal que recoge los principales acontecimientos relacionados con la crisis fronteriza de Ceuta, el caso Pegasus, las relaciones entre España y Marruecos y los debates sobre seguridad y control fronterizo entre 2021 y 2026.

En definitiva, la tormenta humana en Ceuta ha desatado tanto esfuerzos reales de contención como hipótesis de complot. Los datos oficiales coinciden en una llegada masiva inigualable pero puntual. Los servicios de inteligencia y analistas de seguridad nos hablan de una presión calculada en clave geopolítica. Conmocionados por las imágenes de la frontera, muchos tratan de dar sentido al desastre: ¿era una invasión camuflada? ¿una revancha por otros conflictos? ¿o simplemente el resultado cruel de la miseria y la manipulación digital?

Este artículo ha recopilado testimonios de expertos, informes oficiales españoles y marroquíes, y publicaciones especializadas para ofrecer un panorama completo (y cauteloso) de la situación. Sin embargo, debe quedar claro que muchas incógnitas persisten: una parte significativa de este relato es conjetural. Lo que sí está confirmado es que miles de personas realmente sufrieron y murieron en la frontera, y que los gobiernos de ambos lados se enfrentan a consecuencias políticas y humanitarias que requerirán respuestas urgentes. Como decía un veterano periodista, en la maraña de mentiras y medias verdades resulta esencial diferenciar el hecho constatado del cuento que anidó en las redes. El lector podrá extraer su propia conclusión sobre hasta qué punto hay algo “oculto” en esta crisis o si, por el contrario, todos estos sucesos encajan en un sombrío patrón de tensiones no declaradas entre los vecinos de la orilla opuesta del Estrecho.


Fuentes: Informes oficiales y periodísticos sobre la crisis de Ceuta (Ministerio del Interior, El País, El Independiente, La Jornada, Infobae, El Español, RTVE, entre otros) y reportes verificados sobre Pegasus en España. Las teorías conspirativas han sido analizadas y desmentidas por medios de fact-checking. Cada dato concreto está referenciado según las fuentes citadas.

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