Los sonidos misteriosos del océano: The Bloop, Julia y Upsweep

LOS SONIDOS IMPOSIBLES DEL OCÉANO: THE BLOOP, JULIA Y LOS MISTERIOS QUE LLEGAN DESDE LAS PROFUNDIDADES

Un sonido puede recorrer miles de kilómetros bajo el océano. Lo que llega a los hidrófonos puede ser apenas una señal transformada por el propio medio marino, pero detrás de ella puede existir un fenómeno natural de enormes dimensiones.

Hay sonidos que recorren miles de kilómetros bajo el agua y desconciertan a quienes los escuchan. Algunos parecen rugidos monstruosos; otros, lamentos procedentes de un mundo desconocido. La ciencia ha explicado varios de estos enigmas, pero todavía existen señales cuyo origen no se ha podido determinar con certeza.

El océano es uno de los grandes territorios desconocidos de nuestro planeta. Bajo su superficie se extiende un universo de montañas submarinas, llanuras abisales, volcanes, corrientes y formas de vida que apenas hemos comenzado a estudiar. Y, en ocasiones, ese mundo oculto parece comunicarse con nosotros mediante sonidos extraordinarios.

Un sonido puede recorrer miles de kilómetros bajo el océano. Lo que llega a los hidrófonos puede ser apenas una señal transformada por el propio medio marino, pero detrás de ella puede existir un fenómeno natural de enormes dimensiones.

Durante las últimas décadas, distintos sistemas de vigilancia acústica han registrado señales que han despertado la curiosidad de científicos, investigadores y aficionados a los grandes misterios. Entre ellas destacan tres nombres que se han convertido en auténticos clásicos de la acústica submarina: The Bloop, Julia y Upsweep.

Sus grabaciones han alimentado teorías sobre animales desconocidos, criaturas gigantes y fenómenos geológicos extremos. Pero ¿qué sabemos realmente de estos sonidos? ¿Cuáles han encontrado una explicación científica? ¿Y qué permanece todavía sin resolver?

En EDENEX nos adentramos en uno de los territorios más fascinantes de la investigación marina: el lenguaje acústico de las profundidades.

UN MUNDO QUE TODAVÍA NO CONOCEMOS

El océano cubre aproximadamente el 70 % de la superficie terrestre. Sin embargo, conocer su extensión no significa haber explorado sus profundidades. Según los datos de NOAA Ocean Exploration, en abril de 2026 se había cartografiado con tecnología moderna de alta resolución el 28,7 % del fondo oceánico mundial. La proporción del lecho marino profundo observado directamente es todavía mucho menor: menos del 0,001 %, según la misma institución.

Estas cifras permiten comprender por qué el océano sigue ofreciendo tantas oportunidades para el descubrimiento científico. Cartografiar el fondo marino no equivale a observarlo directamente, identificar todas las especies que lo habitan o comprender los procesos que se desarrollan en él. En este escenario, el sonido se convierte en una herramienta fundamental.

The Bloop parecía salido de una película de monstruos marinos.

La luz penetra con dificultad en las aguas profundas, pero determinadas frecuencias acústicas pueden propagarse a grandes distancias. Las condiciones del océano, la temperatura, la presión y las características de las distintas capas de agua influyen en esa propagación.

Por eso, una señal generada en una región remota puede ser detectada por instrumentos situados a cientos o incluso miles de kilómetros de su origen.

Hidrófonos: los oídos del océano

Los hidrófonos son dispositivos diseñados para captar sonidos bajo el agua. Permiten registrar desde las vocalizaciones de ballenas y delfines hasta los ruidos producidos por terremotos submarinos, volcanes, movimientos de hielo y actividades humanas.

Algunas redes acústicas fueron concebidas inicialmente para detectar fenómenos geológicos o para labores de vigilancia submarina. Con el tiempo, sus registros también se convirtieron en una fuente de información científica sobre el comportamiento de los animales marinos y la dinámica del planeta.

Los instrumentos no identifican automáticamente aquello que escuchan. Registran señales que posteriormente deben analizarse mediante técnicas de acústica, comparación de patrones, localización y estudio del entorno.

Una grabación extraordinaria no demuestra por sí misma la existencia de un animal desconocido. Para identificar su origen es necesario estudiar sus características y contrastarlas con fenómenos conocidos. Esta diferencia entre escuchar algo extraño y demostrar qué lo ha producido es esencial para comprender los tres grandes casos que nos ocupan.

THE BLOOP: EL RUGIDO QUE ATRAVESÓ EL PACÍFICO

En 1997, una red de hidrófonos registró en el océano Pacífico una señal de gran intensidad que llamó poderosamente la atención de los investigadores. El sonido recibió el nombre de The Bloop, una denominación que evoca una especie de burbujeo grave, aunque su grabación, tal como suele difundirse, presenta una cualidad mucho más dramática.

La señal fue captada por hidrófonos separados por más de 3.200 kilómetros. Que un mismo fenómeno pudiera registrarse a semejante distancia evidenciaba la potencia de la fuente sonora y las extraordinarias condiciones de propagación acústica del océano.

Los investigadores de la NOAA estudiaron el registro, pero inicialmente no pudieron establecer con certeza su origen. La combinación de intensidad, duración y características acústicas convirtió el caso en uno de los episodios más conocidos de la historia reciente de los sonidos submarinos.

¿Una criatura gigantesca?

La imaginación popular encontró rápidamente una explicación extraordinaria: un animal marino de dimensiones colosales. La comparación entre la intensidad de la señal y determinados sonidos biológicos alimentó especulaciones sobre una criatura desconocida, quizá de un tamaño muy superior al de las especies conocidas. En algunos relatos se llegó a relacionar The Bloop con monstruos marinos legendarios o con la posibilidad de que las profundidades albergaran animales de dimensiones descomunales.

Sin embargo, estas ideas no constituyen pruebas científicas. No se ha encontrado evidencia que permita atribuir la grabación a un animal desconocido, y la intensidad de un sonido submarino no permite deducir directamente el tamaño de su emisor sin conocer otros factores.

The Bloop parecía salido de una película de monstruos marinos. Sin embargo, la explicación científica apunta hacia algo mucho más terrestre: la fractura y el movimiento de grandes masas de hielo antártico.
The Bloop parecía salido de una película de monstruos marinos. Sin embargo, la explicación científica apunta hacia algo mucho más terrestre: la fractura y el movimiento de grandes masas de hielo antártico.

La explicación científica: el hielo antártico

Las investigaciones posteriores proporcionaron una explicación mucho más sólida. Los científicos de la NOAA relacionaron The Bloop con un icequake, un fenómeno acústico generado por la fractura y el movimiento de grandes masas de hielo. En este caso, la señal se atribuyó a procesos asociados a un iceberg y a un glaciar antártico.

Los desprendimientos, las fracturas y las fricciones entre masas de hielo pueden generar sonidos de gran potencia. En determinadas condiciones, esas señales se transmiten a enormes distancias por el océano.

Julia produce una sensación casi orgánica al ser escuchado. Su origen más probable está relacionado con un gran iceberg encallado en el fondo marino, aunque la localización exacta de la señal mantiene cierto grado de incertidumbre.

La explicación resulta menos fantástica que la hipótesis de un animal desconocido, pero no es menos interesante. Demuestra que los procesos naturales del planeta pueden producir sonidos que, sin un contexto adecuado, parecen completamente ajenos a los fenómenos conocidos. La NOAA considera que el origen de The Bloop fue identificado como un fenómeno sísmico del hielo antártico.

¿Significa esto que todos los sonidos submarinos extraños tienen una explicación sencilla? No. Significa que, en este caso concreto, los datos disponibles permitieron establecer una explicación natural consistente.

JULIA: EL LAMENTO QUE SURGIÓ DE LAS PROFUNDIDADES

El 1 de marzo de 1999, los sistemas acústicos del Pacífico ecuatorial registraron otra señal que despertó el interés de los investigadores. Fue bautizada como Julia. A diferencia de The Bloop, cuya fama se debe en buena medida a su intensidad, Julia destaca por su carácter prolongado y por la impresión sonora que produce. Al escuchar la grabación, muchas personas perciben una especie de gemido profundo, un lamento que parece proceder de una fuente gigantesca e invisible. Como ocurre con otras señales de baja frecuencia, la grabación puede resultar especialmente llamativa cuando se modifica su velocidad para facilitar su escucha humana.

¿Qué produjo el sonido Julia?

Según el Programa de Acústica del Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico de la NOAA, la explicación más probable es el encallamiento de un gran iceberg en el fondo marino, en aguas próximas a la Antártida. Cuando una masa de hielo de grandes dimensiones entra en contacto con el lecho oceánico, puede producir vibraciones y señales acústicas que se propagan a larga distancia.

El registro de Julia se ha relacionado con este tipo de fenómeno. No obstante, la propia NOAA señala que existe incertidumbre en la dirección de llegada de la señal, por lo que la localización exacta de su origen no quedó establecida de manera definitiva. Este matiz es importante: una explicación probable respaldada por datos no equivale necesariamente a conocer cada detalle del fenómeno.

Julia ilustra cómo un proceso físico natural puede generar un sonido que, escuchado fuera de contexto, parece casi orgánico.

El hielo como fuente de sonidos extraordinarios

Las regiones polares son escenarios especialmente interesantes para la acústica submarina. Los icebergs pueden fracturarse, desplazarse, rozar el fondo marino o chocar con otras masas de hielo. Estos procesos generan señales que los instrumentos pueden detectar incluso cuando se producen lejos de las estaciones de escucha. El hielo no es un elemento silencioso ni estático. Es un sistema dinámico sometido a tensiones, presiones y movimientos constantes.

En determinadas circunstancias, sus sonidos pueden recordar a rugidos, lamentos o llamadas animales. La semejanza auditiva, sin embargo, no implica que exista un ser vivo detrás de ellos.

Upsweep es diferente. Lleva décadas siendo registrado y, pese a las hipótesis sobre una posible actividad geológica, su origen no ha sido identificado de forma definitiva.
Upsweep es diferente. Lleva décadas siendo registrado y, pese a las hipótesis sobre una posible actividad geológica, su origen no ha sido identificado de forma definitiva.

UPSWEEP: LA SEÑAL QUE TODAVÍA NO TIENE UNA EXPLICACIÓN DEFINITIVA

Entre los grandes enigmas acústicos del océano, Upsweep ocupa un lugar especial porque su origen continúa sin resolverse por completo. La señal ya estaba presente cuando el Laboratorio Ambiental Marino del Pacífico comenzó a registrar datos del sistema SOSUS en agosto de 1991.

Según la documentación técnica de la NOAA, Upsweep está compuesto por una sucesión de sonidos de banda estrecha cuya frecuencia aumenta progresivamente. Cada uno dura varios segundos y la señal ha sido lo bastante intensa como para detectarse a través del Pacífico. El fenómeno también presenta una característica llamativa: parece mostrar variaciones estacionales, con máximos generalmente en primavera y otoño. No está claro si estos cambios se deben a variaciones en la fuente sonora o a modificaciones estacionales en las condiciones de propagación del sonido.

Upsweep es diferente. Lleva décadas siendo registrado y, pese a las hipótesis sobre una posible actividad geológica, su origen no ha sido identificado de forma definitiva.

Los registros permitieron situar aproximadamente su procedencia en torno a los 54 grados de latitud sur y los 140 grados de longitud oeste, cerca de una región donde se ha inferido actividad sísmica volcánica. Sin embargo, la NOAA no considera que su origen esté definitivamente identificado.

¿Un volcán submarino?

Una de las hipótesis planteadas relaciona Upsweep con actividad geológica en el fondo oceánico. Los volcanes submarinos, los movimientos de la corteza terrestre y otros procesos geológicos pueden producir señales acústicas complejas. Por eso, la proximidad de la región estimada a una zona de posible actividad volcánica constituye una pista relevante.

Pero una pista no es una demostración. La localización aproximada y las características del sonido no bastan, por sí solas, para confirmar que un volcán sea su fuente. La prudencia científica obliga a mantener abierta la cuestión mientras no existan pruebas suficientes para establecer una identificación concluyente.

¿Una señal artificial o biológica?

También se han planteado otras posibilidades, desde fuentes humanas hasta fenómenos biológicos. Sin embargo, no existe evidencia concluyente que permita atribuir Upsweep a una criatura desconocida o a una tecnología secreta. El hecho de que una señal permanezca sin identificar no convierte automáticamente las explicaciones extraordinarias en las más probables.

Lo que sí sabemos es que el sonido ha sido registrado durante décadas y que su intensidad general ha disminuido desde 1991, aunque las señales todavía pueden detectarse en las redes acústicas ecuatoriales de la NOAA. Upsweep representa, por tanto, una diferencia fundamental respecto a The Bloop: mientras este último cuenta con una explicación científica identificada, el origen de Upsweep continúa sin resolverse.

¿POR QUÉ PARECEN TAN EXTRAÑOS LOS SONIDOS SUBMARINOS?

La percepción humana no siempre interpreta correctamente los sonidos que proceden de un entorno desconocido. Una señal grave, prolongada o de frecuencia variable puede recordarnos a un animal, un rugido o una voz. Esa asociación depende de nuestra experiencia auditiva y de la forma en que nuestro cerebro interpreta los patrones acústicos.

En el océano se añaden otros factores.

1. La propagación a grandes distancias. El sonido puede recorrer enormes extensiones de agua y llegar a los instrumentos después de atravesar distintas capas oceánicas. La señal recibida no siempre coincide exactamente con el sonido original.

2. Las bajas frecuencias. Muchos fenómenos geológicos y ambientales producen sonidos de baja frecuencia, capaces de viajar a largas distancias en condiciones adecuadas.

3. La transformación de las grabaciones. Algunos archivos difundidos por la NOAA se reproducen acelerados para que el oído humano pueda percibirlos con mayor facilidad. Esto modifica la altura tonal y la duración aparente del sonido. Por tanto, lo que escuchamos en una reproducción no siempre coincide con la percepción que tendríamos del registro original.

4. La ausencia de contexto. Escuchar una grabación aislada, sin conocer la localización, las condiciones ambientales ni las características técnicas del registro, dificulta enormemente identificar su origen.

5. La comparación con sonidos conocidos. Un fenómeno natural puede recordar a una llamada animal sin haber sido producido por ningún ser vivo. La semejanza auditiva es una pista que debe investigarse, no una prueba de identidad.

Comprender estos factores permite disfrutar del misterio sin confundir la impresión que produce una grabación con lo que realmente demuestra.

¿PUEDE EXISTIR VIDA MARINA QUE TODAVÍA NO CONOCEMOS?

Sí. La posibilidad de descubrir nuevas especies marinas está respaldada por la investigación científica. Cada año se describen organismos que amplían nuestro conocimiento sobre la biodiversidad del planeta. La dificultad de explorar las profundidades hace razonable pensar que quedan especies por descubrir, especialmente en ambientes remotos o poco estudiados. Pero conviene distinguir dos cuestiones diferentes.

Una cosa es que existan especies desconocidas para la ciencia, algo que los investigadores consideran muy probable. Otra muy distinta es afirmar que una grabación concreta procede de un animal gigantesco que todavía no ha sido identificado.

Quizá lo más inquietante del océano sea precisamente aquello que no podemos ver. Allí abajo, lejos de la luz y de nuestra mirada, continúan produciéndose sonidos que todavía nos obligan a formular preguntas. 

Para demostrar el origen biológico de un sonido sería necesario reunir evidencias suficientes: patrones acústicos compatibles con una fuente animal, registros repetidos, localización fiable y, cuando fuera posible, observaciones independientes del organismo responsable.

En algunos casos, los sonidos de ballenas y otros animales marinos han permitido estudiar especies y comportamientos difíciles de observar directamente. En otros, la señal resulta demasiado ambigua para establecer una identificación.

La existencia de animales aún desconocidos es una razón para continuar explorando, no una prueba que permita atribuirles cualquier sonido inexplicado.

EL OCÉANO PROFUNDO: UN LABORATORIO NATURAL LLENO DE INCÓGNITAS

Las grandes profundidades albergan ecosistemas adaptados a condiciones extremas de presión, oscuridad y disponibilidad de alimento. También son escenario de procesos geológicos que pueden resultar difíciles de observar directamente: actividad volcánica, movimientos de sedimentos, fracturas del fondo marino y desplazamientos de enormes masas de hielo en regiones polares.

Los mapas obtenidos mediante sonar permiten identificar montañas submarinas, fosas, fallas y otras estructuras. Sin embargo, conocer la forma del fondo no significa haber observado todos los organismos que viven allí ni haber registrado todos los fenómenos que se producen.

El misterio no necesita convertirse en una afirmación fantástica para resultar fascinante. A veces basta con aceptar que todavía existen fenómenos naturales que no comprendemos por completo.
El misterio no necesita convertirse en una afirmación fantástica para resultar fascinante. A veces basta con aceptar que todavía existen fenómenos naturales que no comprendemos por completo.

La NOAA recuerda que menos del 0,001 % del lecho marino profundo ha sido observado directamente. Esta cifra no significa que el resto del océano sea completamente inaccesible a los instrumentos científicos, sino que la observación directa de esos entornos sigue siendo extremadamente limitada.

Las redes de hidrófonos aportan una perspectiva complementaria. Permiten escuchar fenómenos que podrían pasar inadvertidos para las cámaras o los vehículos submarinos, especialmente cuando suceden a grandes distancias. El sonido se convierte así en una herramienta para investigar un entorno en el que ver y acceder físicamente resulta complicado.

LOS SONIDOS DEL OCÉANO Y LOS GRANDES MITOS MARINOS

Desde la Antigüedad, los relatos sobre el mar han estado poblados de monstruos, criaturas gigantes y seres capaces de emitir sonidos aterradores desde las profundidades. En la actualidad, las grabaciones acústicas ofrecen un material fascinante para la imaginación. The Bloop, Julia y Upsweep parecen encajar en ese imaginario, especialmente cuando se presentan sin información científica que explique su contexto.

Sin embargo, la investigación exige separar el relato de la evidencia. No hay pruebas científicas que relacionen The Bloop, Julia o Upsweep con monstruos marinos desconocidos, civilizaciones submarinas o entidades de naturaleza extraordinaria.

Esto no resta interés a los casos. Al contrario, permite apreciar lo que realmente tienen de fascinante: la capacidad de los procesos naturales para generar señales sorprendentes y los límites de nuestra comprensión del océano. El misterio no necesita convertirse en una afirmación fantástica para resultar apasionante.

TRES SONIDOS, TRES SITUACIONES DIFERENTES

Los casos analizados muestran por qué es importante no tratar todas las grabaciones extrañas como si fueran equivalentes.

The Bloop: una señal registrada en 1997 y posteriormente atribuida a un fenómeno de fractura del hielo antártico. Cuenta con una explicación científica identificada por la NOAA.

Julia: una señal grabada el 1 de marzo de 1999 cuyo origen más probable es el encallamiento de un gran iceberg. La localización exacta conserva cierto grado de incertidumbre.

Upsweep: una señal detectada desde 1991, caracterizada por sonidos cuya frecuencia aumenta progresivamente. Su origen continúa sin resolverse de forma definitiva, aunque se ha considerado la posibilidad de una fuente geológica.

La diferencia entre estos casos es esencial. Uno cuenta con una explicación establecida, otro con una atribución probable y el tercero mantiene una incógnita abierta.

Esta clasificación no solo aporta rigor: también permite comprender cómo avanza la investigación científica, desde la detección de un fenómeno hasta la formulación y evaluación de posibles explicaciones.

CONCLUSIÓN: EL MAYOR MISTERIO SIGUE ESTANDO BAJO EL AGUA

Los sonidos submarinos extraordinarios nos recuerdan que todavía existen grandes espacios de nuestro planeta que conocemos de manera incompleta. The Bloop demuestra que el hielo puede generar señales capaces de recorrer enormes distancias. Julia ilustra cómo el movimiento de un iceberg puede producir un sonido que parece casi orgánico. Upsweep, por su parte, mantiene abierta una pregunta científica sobre el origen de una señal que lleva décadas siendo registrada.

No hay pruebas que obliguen a recurrir a criaturas gigantes ni a explicaciones sobrenaturales. Tampoco sería correcto afirmar que todos los sonidos submarinos han sido identificados. La respuesta honesta se encuentra entre ambos extremos: sabemos mucho más que cuando se realizaron aquellas primeras grabaciones, pero aún existen fenómenos que requieren investigación.

Quizá la verdadera fascinación del océano no consista en imaginar monstruos ocultos, sino en reconocer que la naturaleza todavía puede sorprendernos. Bajo la superficie, lejos de la luz y de nuestra mirada cotidiana, continúan produciéndose sonidos que nos invitan a escuchar, investigar y formular nuevas preguntas.

Porque, en las profundidades del océano, lo desconocido no siempre es una leyenda. A veces es una pregunta científica que todavía espera respuesta.


FUENTES Y DOCUMENTACIÓN

Las siguientes fuentes permiten consultar información técnica y escuchar algunas de las grabaciones originales:

 

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